Ante al ‘evangelio’ actual que realza el suceso y el bienestar del cristiano, actitudes como privarse o auto negarse no están de moda. Ése es uno de los motivos por el que la práctica del ayuno actualmente se está descuidándola. Se nota, además, que muchos cristianos no les suenan lo de la enseñanza bíblica a respeto del ayuno; no entienden su eficiencia, su importancia y su propósito, y, por ello, ignoran esa práctica. Por otra parte, otros por haber recibido falsas enseñanzas sobre el asunto, acaban exagerando en su práctica. Debido a ello, muchas dudas y confusiones surgen haciendo con que personas abandonen esa tan importante disciplina espiritual. Creemos que Dios anhela despertar nuestro entendimiento sobre ese tema, pues el ayuno es un instrumento de vida y victoria para el cristiano; la prueba es que a lo largo de la historia cristiana, hemos visto importantes hombres practicando y dando su testimonio. El ejemplo de ellos muestra que el ayuno es un hecho de devoción importantísimo que no se puede olvidar, aun por la iglesia del Señor. La práctica del ayuno es una enseñanza bíblica y se halla tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento. De hecho, muchos personajes bíblicos ayunaron: Moisés, David, Elías, Ester, Daniel, Ana, Pablo e, incluso, Jesús. En Biblia se puede encontrar varias enseñanzas sobre ese tema, y merece atención al examinarla y sacar las dudas.Según el diccionario, ayuno es abstenerse de comer o beber, por religión o a pedido de un médico. Pero, ¿cuál es el significado bíblico para el ayuno? La palabra hebrea para ayuno es tson, que significa afligir el alma o negarse a si mismo1. la idea no es de una simple abstinencia de alimentos sino de una disciplina con finalidades espirituales, una práctica de devoción siempre unida a la oración, donde se abre mano de algo que nos agrada, para, entonces, agradar a Dios. El maestro de los maestros veía el ayuno como una práctica necesaria y fundamental para sus discípulos. Además de ayunar, Jesús ha enseñado sobre la práctica correcta del ayuno, diciendo: Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; (…) pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará (Mt 6.16-18) En otra ocasión, él aun asegura: vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán (Mt 9.15). Jesús es el novio que les fue quitado; nosotros somos sus discípulos, y, por lo tanto, en estos días y hasta los días de su venida, es tiempo de ayuno. El que se dispone a ayunar necesita estar atento a los principios establecidos en la Sagradas Escrituras a respeto de cómo hacer y cuánto tiempo debe durar el ayuno. Richard J. Foster1, importante investigador sobre asignaturas espirituales, muestra que, en la Biblia, hay periodos diferenciados, que puede ser de un día (Jue 20.26), tres días (Est 4.16), una semana (1 S 31.13), tres semanas (Dn 10.3) y hasta cuarenta días (Lc 4.1, 2).
Hay, también, diferentes tipos de ayuno:
1. el ayuno normal, que consiste en abstenerse de alimentos permitiendo el uso del agua.
Esa práctica era común en los tiempos bíblicos. Parece que ésa fue la forma que Jesucristo adoptó para ayunar en el desierto, como nos informa el fragmento de texto siguiente: Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre (Mt 4.1-2)
Si echamos el ojo con atención a ese fragmento de texto, se puede ver que no hace referencia ninguna sobre la abstinencia de agua, porque no afirma que Jesús tuvo sed. El beber agua, mientras ayunamos, hace con que alargamos los días. Con todo, Elmer L. Tows, nos pone vigilantes en lo de ayunos muy largos; él sugiere que sólo se debe hacerlo bajo orientación médica1.
2. el ayuno total o absoluto, que se basa en la abstinencia total de alimento y de agua.
En los días bíblicos, ese tipo de ayuno se practicaba en situaciones muy difíciles, extremas y urgentes. La reina Ester, tras saber que fue condenada a la muerte, adjunto a su pueblo, ordenó a Mardoqueo: ve y reúne a todos los judíos (…) y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche y día; yo también con mis doncellas ayunaré igualmente (Est 4.16). También, el apóstol Pablo hizo un ayuno total, por tres días, debido a su conversión (Hech 9.9).
Es imprescindible aclarar que, según los expertos, el cuerpo humano consigue resistir hasta cuarenta días, sin que haya ingestión de alimentos sólidos; mientras tanto, no resiste más de tres días sin tomar agua1. Los ejemplos de Moisés y Elías son una excepción (Dt 9.9; 1 R 19.8). Ellos sólo lograron ayunos totales durante cuarenta días porque estaban en el sobrenatural de Dios. De ahí que, el ayuno absoluto se ruega hacerlo en periodos cortos, no más que tres días, a fin de que esa sana disciplina no vuelva un riesgo a la salud. Ahora, cuanto al tipo y a la duración del ayuno que se debe practicar es algo extremadamente personal, pues está relacionado con la intimidad de uno con Dios. Debe ser practicado según la necesidad y la capacidad de cada uno. Lo importante es el motivo que nos hace ayunar, y nuestra atención debe estar puesta en eso. El ayuno no se puede practicarlo como un sacrificio para obtener bendiciones de Dios, puesto que ya fueron garantizadas en la cruz de Cristo Por lo que se refiere al ayuno, puede volverse un rito vacío si no lo hace de forma correcta. Eso se pasó en los días del profeta Isaías, cuando el pueblo de Dios empezó a preguntar: ¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido? (Is 58.3a). El motivo, dice el Señor, ellos ignoraban que la manera de ayunar podría cambiar sus vidas: He aquí en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís a todos vuestros trabajadores. He aquí que para contiendas y debates ayunáis, y para herir con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto (Is 58.3b, 4).
La devoción de ellos era falsa y la motivación estaba equivocada. Sin embargo hay muchas personas que ven el ayuno como una forma de ‘comprar’ el favor de Dios. Piensan que el hecho de ayunar hace con que Dios cambie y realice sus deseos. Eso no es correcto. Dios no cambia debido al nuestro ayuno, pues él siempre es lo mismo, antes, durante y después del ayuno. El que necesita cambiarse, en realidad, es el que está ayunando. Él sí necesita estar más sensible a las cosas espirituales. El objetivo del ayuno nos involucra y el resultado es el cambio nuestro. Es nuestro carácter que se está moldeando y perfeccionando, cada vez que hacemos el ayuno. Mientras ayunamos, nuestro cuerpo es puesto bajo total dependencia del Señor a fin de que seamos alimentados por el pan espiritual (Jn 6.35)
El primer propósito del ayuno es mortificar la carne y alimentar el espíritu. Es negarse a sí mismo dando lugar a la voluntad de Dios. La palabra de Dios nos muestra que hay una constante pelea entre la carne y el espíritu que ocurre dentro de nosotros; y aquel que esté más fuerte se hará vencedor. La disciplina del ayuno vuelve el espíritu más fuerte. El principio es sencillo: mientras descansa el estómago, el espíritu es alimentado y fortalecido por Dios. Jesús, nuestro mayor ejemplo, ayunó por cuarenta días y venció el diablo, echándolo de su presencia (Mt 4.1-11).
Ayunar es entrenarse espiritualmente a que aprendamos a vencer o a controlar los impulsos carnales. Es quebrantar y disciplinar el alma por la aflicción (Esd 8.21; Sal 69.10); es buscar al Señor (2 Cr 20.3, 4) y prepararnos para la batalla espiritual (Mt 17.21). Somos empujados para meditar, adorar, orar y leer la Biblia. La consecuencia de eso es que somos llevados al arrepentimiento, a la purificación, al esmero de nuestro carácter y a una gran edificación espiritual. Su designación es mejorar el relacionamiento y la intimidad con Cristo.
La práctica del ayuno le trae al que lo prueba varios resultados prácticos para la vida:
- aumenta la eficiencia en la oración de intercesión.
- mejora la autoridad espiritual.
- amplia la orientación al tomar decisiones
- hace más intenso el deseo de orar.
Esas cosas ocurren no por causa del ayuno en sí, sino debido a nuestra sintonía más intensa con el Espíritu Santo
En resumen, el ayuno, aliado a la oración, es un medio de bendición. Cuando se lo hace correctamente, promueve verdaderas maravillas en la vida del cristiano. Por lo tanto, se entere de cómo usarlo y, así, el Señor ciertamente no se alejará de usted.
Pr. Alan Kardec Pereira Rocha