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Carlos Gomes fue un gran maestro y como tal demostraba su sensibilidad, creatividad y talento en todos los conciertos que dirigía. Hijo ilustre de Campinas, una ciudad del interior del estado de Sao Pablo – Brasil – todos los años la ciudad lo recuerda tocando su obra a través del famoso conservatorio que lleva su nombre. La obra que más se conoce es ‘El Guaraní’. Pero hay una obra en la cual me gustaría llamar la atención. Al regresar de una de sus excursiones donde bellísimas obras fueron presentadas, él se enteró de la infidelidad de su esposa. Fue en el clímax de esa situación que él compuso una canción inolvidable para su época. Parte de la canción decía: ‘tan lejos, de mí distante, dónde irá, ¿dónde irá tu pensamiento? Quisiera saber ahora, si olvidaste el juramento’. Esa composición fue escrita en 1860, y su título era una pregunta: ‘¿Quién sabe?’En 1860, la tecnología era escasa. No había internet, correo electrónico, msn, orkut, blog. Aquella sociedad tampoco imaginaba este momento tecnológico tan avanzado. Pero los sentimientos del maestro Carlos Gomes, demostraban que el dolor por una traición era tan penetrante como hoy. ‘¿Quién sabe?’ refleja la angustia de las cuestiones de los que son heridos en el corazón. ¿Qué uno piensa de mí a lo lejos? ¿Qué imagina en mi ausencia? ¿Quién sabe?Excepto la trinidad, nadie sabe. Pensamientos e imaginaciones son áreas insondables por nosotros mortales. En esas áreas, cada uno viaja por dondequiera, a la hora que quiera y como quiera. Los tiempos han cambiado y son muy diferentes de aquéllos de 1860. Son peores. Pensamientos, imaginaciones y deseos se han vuelto en poderosas herramientas digitales. La infidelidad está dentro de casa, tan sólo en una tecla. ‘La internet ha creado una nueva forma de ser infiel una persona. Al principio son mensajes, evoluciona para confidencias, luego entra en el reino de las fantasías sexuales. Cuando uno no percibe, el marido o la mujer ya están tecleando sin parar con un desconocido. Aunque no transfiera nunca para la vida real, la infidelidad hiere de la misma manera’, asegura Daniela Pinheiro (Pinheiro, 2008).Debido a ello, muchos casamientos se están derribando, desorientando, arruinando y, en algunos casos, deshaciendo. Tanto en los consultorios médicos y terapeutas como las oficinas de detective especializados en investigación digital, cada vez más están abarrotados de hombres y mujeres buscando ayuda. El principal motivo para la desesperación es que en sesenta por ciento de los casos, la infidelidad virtual, termina en sexo real, con una mujer y un hombre en vivo para consumar todo lo que habían permitido en el ordenador. (Pinheiro, 2008)Dependientes virtuales crecen a cada día. Gente que se queda por horas delante de la computadora, madrugadas enteras comprometiendo su rendimiento laboral, familiar, secular. Y aún así, con señales de las tragedias que anuncian, no abandonan la zona de peligro; quieren seguir nadando, practicando surfing y navegando en aquella parte del mar donde las señales avisan: ‘cuidado, tiburones’.  A veces, sí, logran por un tiempo dejar el teclado y la pantalla. Pero, de pronto una incontrolable voluntad surge y, el mismo pensamiento que dio inicio a ese terrible hábito viene y domina, ‘voy a ver quiénes están tecleando…’ En esta hora, ¿qué se puede hacer? Mi consejo es dar oídos al que sabe: ‘La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas? (Mt 6.22, 23).Esos dos preciosos versículos del sermón del monte forman una pequeña parábola. Si tenemos el cuidado de echar el ojo en los versículos 21 y 24, que rodean el 22 y el 23, el mensaje de Cristo se hará más evidente sobre la luz que debe representar nuestra mirada. El versículo 21 nos muestra que dónde está nuestro tesoro, allí estará también nuestro corazón. El versículo 24 dice que ninguno puede servir a dos señores, porque o aborrecerá al uno y amará al otro. De una forma bien sencilla, déjame aplicar esos dos versículos por medio de dos preguntas: Hermana, ¿es su familia un tesoro para usted? ¿La hermana ama o odia su marido?Volvamos a los versículos 22 y 23. Ese texto empieza diciendo que los ojos alumbran el cuerpo. La esencia de ese alumbramiento que propone Cristo, es la salud de los ojos. La idea es sencilla, el ojo sano capta la luz y guía todos los miembros del cuerpo para sus respectivas acciones. Por lo tanto, ‘ojos benignos’ son usados para ejemplificar el alma que sólo permite guiar por la luz espiritual que brilla en la palabra.  El ojo saludable también trae consigo la ventaja de ver una imagen limpia, sin duplicidad de comportamiento. Esa imagen limpia debe ser la de nuestra vida y testimonio, sin doble comportamiento.Por otra parte, el texto presenta ‘ojos malignos’ para mostrar notable diferencia con ‘ojos benignos’. ‘Malignos’ aquí quiere decir ojos enfermos. No funciona bien, no captan una imagen limpia ¡Ojo! Jesús no alude a la falta de visión sino a una mala visión, enferma. Si el ojo benigno me orienta a que vaya correctamente por el camino, el ojo maligno, por sus debilidades, fatalmente me hará andar por caminos peligrosos, arriesgados. Esa interpretación para ojo sano y ojo enfermo hace más fuerte por el texto original del versículo 22, allí no aparece la palabra ‘bueno o benigno’, y sí, la palabra griega que significa ‘sin defecto’.Ahora que ese texto y consejo de Cristo ya están bien vivos en nuestra mente, me gustaría proponer a usted una sugerencia.
 

No teclearás

Algunas cosas en la vida son sorpresas, ni imaginamos que podrían ocurrir. Otras, por otro lado, usted sabe exactamente donde terminarán. Entre las que sabe usted, está el anonimato y el momento secreto en internet. Todo comienza con la frialdad, la indiferencia y la rutina que usted no soporta más en el casamiento. Entonces, justificada por su carencia, usted procura alternativas para resolver su necesidad de atención y cariño. Al principio, una de las soluciones más rápidas, asequibles, fáciles y seguras que se presenta es la internet. De ahí que empiezan las tecleadas, las charlas. En las salas de chateo, sea cual sea el tema o la edad, según investigaciones, ochenta por ciento del que uno encontrará serán charlas ‘calientes’, con doble sentido y alto tenor sexual. En tal ambiente, sus fantasías agrandan y, lo peor, dentro de su propia casa. Uno no se arriesgaría salir para intentar algo o alguien, pero, hoy por hoy, la internet trae todo para dentro de su hogar, es decir, la internet trae consigo la apariencia de ser segura, creando la falsa impresión de que sus usuarios pueden jugar a gusto sin engendrar ningún tipo de vínculo y sin que sean descubiertos.Vuelvo a la pregunta anterior: ¿es su hogar un tesoro? ¿Su mirada es luz o tinieblas para su cuerpo? ¿Tiene usted dedicado el tiempo de sus ojos para la ventanilla de un msn secreto, un orkut prohibido? ¿Tiene usted inventado nombres codificados, falsas identidades para navegar ‘sin riesgos’? ¿Quién sabe sus respuestas? Sólo usted y el Espíritu Santo del Señor. Es cierto que no es pecado el disfrute de los beneficios de la tecnología, pero ella debe ser su esclava, jamás usted la esclava de ella. Es ahí donde entra el final del versículo 23 (Mt 6), el alerta de Jesús, muy importante; atención y busque entender lo que Él le está diciendo: ‘Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?’Vamos a intentar comprender esa expresión de Cristo dando ejemplo con un descubrimiento de Albert Einstein. Fue él que ha hallado la Teoría de la Relatividad. No se puede dudar que su hallazgo fue una gran luz para la humanidad; tras su descubrimiento sería usada para la construcción de bombas atómicas. Tal situación asoló al científico. Cuando Hiroshima y Nagasaki probaron el terrible poder atómico en sus poblaciones, la historia asistía la transformación de luz en tinieblas, y ¡cuántas fueron aquellas tinieblas!Es exactamente lo que Cristo nos está diciendo. Usted conoce la palabra, participa en una iglesia, alaba, ora, devuelve el diezmo, trae su ofrenda, guarda los mandamientos y, entonces, de repente se ve falto de piedad y cree que puede negar todo y entregarse a momentos que nadie puede enterarse. Al final, ¿quién sabe? Jesús sabe.
Y es imposible abandonarlo en el templo, pues Él no más habita en templos hechos por manos de hombres. Él habita en usted, ve todo, oye todo, conoce todos sus pensamientos, sabe absolutamente todo. Es por ello que la duplicidad confunde la visión del que la tiene enferma; está cercada por grandes tinieblas, mayores que las tinieblas naturales; puesto que, la naturaleza humana sin Cristo ya vive en tinieblas. Pero intente imaginar qué es vivir con tinieblas y en tinieblas tras haber conocido y vivido con Cristo. Es agobiante, corroe el corazón, consume el alma, destruye la consciencia, en medio a densas y enormes tinieblas. ¿La solución? No teclee. Apague de su vida ese deseo, tire esa voluntad en el abismo antes de que ella tire usted y su familia. Sus ojos no fueron creados para conducirle a la destrucción. Ante todo, le fueron dados para que le conduzcan para su vocación en Cristo. Cuando le de ganas de teclear y mirar pregúntese antes y esté segura de la respuesta: ¿Lo que quiero hacer ahora glorifica a Dios? Hazlo. Comparta su vida, la de su esposo, la de sus hijos, con Cristo, el que sabe todo, y para el que Pablo oró diciendo: ‘alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que no sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos (Ef 1.18)

Pr. Edilmilson Mendes

 
 

 

Fuente:
 
PINHEIRO, Daniela. Trair e teclar, é só começar. Disponível em: http://veja.abril.com.br/250106/p_076.html. Acesso em 24 jul.2008.
 

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